EL CAMAROTE 58


EL CAMAROTE 58
Libros y Tebeos, Cine y Televisión, Juegos Virtualaes y de Sobremesa...
Ciencia-ficción, Fantasía y Terror, Historia y Misterio...

Terribilis est locus iste...


Juro por las pezuñas de Pan que en la página 27 -y el libro tiene 156- ya tenía claro que les había ocurrido a los protagonistas.

Dicho esto así, descerrajándolo en las narices de todos ustedes, a quemarropa, puede parecer el comienzo de una crítica demoledora; pero, verán, es que se trata de un libro de mi amigo Pedro (Domingo Santos) y, en manos de Pedro, una pluma es una varita mágica.

El Extraño Lugar es, sin lugar a dudas, la novela más inquietante, angustiosa y reflexiva que he leído en ¿los últimos tres o cuatro años?
Los protagonistas y su deriva vital, los secundarios y los decorados, están magistralmente dispuestos para apresar al lector en una maquiavélica trampa onírica. Llega un momento en que quieres escapar, como el señor Herralde; pero, precisamente como el señor Herralde, una fuerza desconocida te arrastra hacia el interior de la pesadilla.

He leído por ahí alguna que otra reseña en la que se establecen paralelismos entre esta obra y las de ciertos autores, especializados en el género de terror, y he de decirles que no es cierto. Domingo Santos se parece concretamente a sí mismo. Ha perfeccionado un estilo de ficción que se centra en la introspección, en desmenuzar críticamente el ser y el proceder: El Extraño Lugar es un nuevo, un sobrecogedor paso en esa dirección.

Le propongo un sencillo ejercicio mental.

Usted está en el mejor de los sueños cuando, repentinamente, las tinieblas le rodean. Queda preso en un círculo iluminado con una luz líquida que confiere a todo una apariencia fantasmal.

El tiempo se detiene o pierde todo su poder.
Dentro del aquel escenario blanco lechoso, se desencadena un drama protagonizado por sus seres queridos. Usted siente que éstos se desvanecen, se desdibujan, caen en poder de las tinieblas que estrechan el círculo sin que pueda hacer nada para evitarlo. Les tiende la mano desde el centro de la reducida zona iluminada, pero no pueden escucharle, o le escuchan, le miran incluso, con una languida resignación... hasta que la oscuridad les engulle.
Le rodea -a usted, dentro de la pesadilla- un decorado en apariencia ajeno al drama, pero íntimamente ligado con su misma esencia. Todo parece tan real, tan sólido, como listo para desvanecerse a la primera de cambio.

Hay diversas modalidades de esta pesadilla, todas ellas terribles... El nexo de unión, el denominador común de todas ellas, es un sentimiento de culpabilidad que deambula por nuestro subconsciente susurrándonos, incesantemente, que no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos; que la soberbia, la suficiencia desmedida puede poner en juego todo cuanto, en el fondo, nos importa realmente. Todo cuanto nos mantiene vivos... cuerdos.

Domingo Santos juega con el lector desde esa tierra de nadie en la que todo es posible, desde esa franja indeterminada más allá de la cual no hay retorno, y nos hace sentir angustia -soportable como ficción y muy recomendable como cura en salud- por todo aquello que podemos llegar a perder si nos obstinamos en no apreciar lo cotidiano, si caemos en el error de creer que hay ciertas cosas que nadie puede arrebatarnos.

Cuando cerré la novela, con un escalofrío recorriéndome todavía la espalda, salí del estudio y busqué a mi señora. La abracé y, mientras la miraba con ojos nuevos y ella sonreía pensando que se me había ido la chaveta, me hice la firme promesa de no escatimar jamás un Te Quiero... y no permitir que la arrogancia detenga fatalmente el tiempo.

Pedro, el Maestro Domingo Santos, está ahí precisamente para eso: para no dejar jamás de sorprendernos.

La editorial Grupo AJEC se apunta otro acierto con la publicación de esta joya.
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